El Ladrillo deja paso al olivo

Publicación original (ABC)

Altea pone en marcha una almazara para producir aceite con los árboles recuperados en la zona tras el abandono de sus propietarios durante los años de especulación inmobiliaria

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Mediterráneo: trigo, vid y olivo. Una trilogía que fue alterada en la última década con la introducción de un elemento muy poco natural, el ladrillo. Un problema generalizado y al que en la alicantina localidad de Altea se unió la proliferación de otros cultivos de regadío. Como resultado, era casi imposible producir aceite en la zona. El cierre paulatino de almazaras y la presión urbanística estaban en el origen del problema, con las más próximas en Relleu y Benimantell, a 36 y 24 kilómetros (con 500 curvas) respectivamente.
«Se llegó a temer por la cultura del cultivo del olivo en la zona, con huertos en estado de abandono porque los propietarios no tenían el incentivo de hacer el aceite de sus propios olivos», explica Miguel Ángel Capilla, regidor de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca del Ayuntamiento de Altea. Él, junto al grupo Ciudadanos Independientes por Altea (Cipal) al que pertenece, ha sido uno de los impulsores de poner en marcha una nueva almazara en la localidad. Una iniciativa que permitirá regenerar 150 hectáreas de olivos y recuperar parte del patrimonio agrícola y cultural de la región.

Entre los municipios de Altea, La Nucía y Alfaz del Pi, hay diseminadas más de 450 parcelas de este cultivo de una superficie que sobrepasa los 3.800 metros cuadrados de media. En total, el área declarada de este cultivo superaba las 1.800 hanegadas entre los tres municipios, que en su mayoría vegetaban sin producción.
«Se había perdido debido al auge de la construcción y a la falta de posibilidades para su elaboración», explica Carolina Punset, presidente de Cipal. Así que se pusieron manos a la obra para poner en marcha un proyecto «con un efecto mutidisciplinar del medioambiente, en el que tiene una potente acción, así como en el paisaje», señala Punset.
Colaboración
A través de la Obra Social La Caixa, el Ayuntamiento propuso la participación en él a diversas entidades y organizaciones. El objetivo era poder adquirir una maquinaria moderna pero que no necesitaba grandes espacios ni grandes recursos en mano de obra para su funcionamiento. «Hemos seleccionado un equipo con capacidad para procesar 150-200 kilos/hora de aceituna, cantidad relativamente pequeña, pero que con un doble batidor permite la obtención del aceite de pequeñas partidas, como es nuestro caso», explica Miguel Ángel Capilla.
Así sería necesario un pequeño espacio para su instalación, de 4,8 metros de largo y 3,3 metros de hondo. Además, se opera con un único empleado, ya que el control de todo el proceso es electrónico.
En total, unos 40.000 euros para los que el consistorio aportó alrededor de 35.000. La concejalía de agricultura cede la explotación de la maquinaria a la entidad cooperativa, entre cuyos fines está la promoción del cultivo del olivo, la preservación de las tradiciones agrícolas de producción de aceite, la promoción y difusión de la dieta mediterránea, la agricultura ecológica y el comercio de proximidad.
«El beneficio de la actividad se destina íntegramente a los fines, entre ellos también la adquisición y recuperación de aperos y almazaras tradicionales y la renovación de la propia maquinaria», detalla Capilla.
De esta forma se ha promovido la recuperación de parcelas urbanas y periurbanas antes abandonadas, ahora convertidas en huertos urbanos y periurbanos ecológicos acogidos al Convenio de Huertos Urbanos Ecológicos municipales, y que suman más de 80 huertos en la actualidad. El resultado: aceite sin coste para el propietario a partir de olivas que cultivan parados, jubilados y familias de manera ecológica con el consentimiento de los propietarios que no pueden hacerse cargo de sus fincas. Oro líquido en lugar de hormigón y ladrillo.

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