Viajar en primera

Que Artur Mas viajase en clase turista en lugar de en primera fue noticia. Su primer espada, Oriol Pujol, declaraba a los periódicos que volar de Barcelona a Madrid renunciando a ese privilegio era una muestra más de la voluntad de austeridad. En vuelos nacionales, la única diferencia entre primera y segunda clase está en la cortinilla que separa tu status de privilegiado de la “plebe” de atrás. Por estar sentado en el mismo asiento, te cobran tres veces más. Me quedé anonadada de que se pudiera presumir de algo semejante, pero no le di mayor importancia hasta que el tema volvió a salir.

A los pocos días de esa noticia, me encontré con un eurodiputado francés que volvía de Bruselas. Comiendo con él, me comentó lo siguiente:

– ¿Sabes que la Unión Europea nos paga todos los desplazamientos siempre en primera clase?
– De verdad? Le contesté asombrada, recordando de repente el incidente de Mas y Pujol.
– Si, ahora por ejemplo, vamos 50 eurodiputados al Foro Social de Senegal y todos con billete de primera. Pero no solo este viaje, ¡absolutamente todos los que hagamos! Exclamo.

Me explicó que a él le daba vergüenza ajena que los contribuyentes sufragarán ese lujo innecesario. Un día intentó comprar billetes de clase turista, pero lo único que consiguió fue una buena reprimenda por parte de los servicios administrativos del Parlamento Europeo. Por lo visto el sistema informático no admite billetes de segunda, y se negaban a reembolsarle el dinero del viaje si compraba turista.

El billete de Mas y el resto de los políticos españoles lo pagamos todos nosotros que somos los que financiamos con nuestros impuestos los partidos políticos. ¿Pretenderán que les demos las gracias por no sangrarnos?

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